Anoche tuve la suerte de cenar una riquísima ”lasagna” preparada por Lysiane, y acompañado por cinco bellas damas: Bea y Ofe a mi derecha, y Lysiane, Carmen e Isa a mi izquierda. Tampoco faltó el vino, por supuesto; qué menos podía ofrecer! Es también toda una suerte encontrarse cada día desde que llegué con unas sonrisas así; ole!
Después, Lysiane y yo nos reunimos con Terry y Jan para ir juntos al concierto de jazz en el Doo-Bop club, que decididamente es mi nuevo club de moda.
Luego, la noche continuó entre risas y más risas hasta el amanecer, que comprobé por primera vez, que aquí lo hace ahora cerca de las 5 de la mañana. Llegué a casa con la sensación de haber disfrutado muchísimo: Bailé una “muñeira” improvisada (de lo que recordaba cuando la aprendí a bailar en el colegio) al son de un gaitero que colocó su gorro a la salida de la disco de moda y cuál fue mi sorpresa al comprobar que identificó el baile y tocó la clásica muñeira gallega; la misma con la que aprendí a bailarla. La noche se alargó ya en el apartamento de Jan, mientras amanecía, y tomando un té para entrar en calor, en ese tipo de momentos sin nada o mucho de especial, en los que uno tiene la sensación de que quedarán guardados en un lugar privilegiado de la memoria.
Como broche final, cuando fui a recoger mi bicicleta, comprobé que había perdido la llave y que este hecho amenzaba con manchar la noche. Por suerte, y como caída del cielo, mientras caminaba resignado de vuelta a casa, encontré la llave en mitad del caminio sobre la nieve.
Definitivamente, soy un tipo con suerte.
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