— :: el viaje sideral ::

Finlandia

Anoche tuve la suerte de cenar una riquísima ”lasagna” preparada por Lysiane, y acompañado por cinco bellas damas: Bea y Ofe a mi derecha, y Lysiane, Carmen e Isa a mi izquierda. Tampoco faltó el vino, por supuesto; qué menos podía ofrecer! Es también toda una suerte encontrarse cada día desde que llegué con unas sonrisas así; ole!

Después, Lysiane y yo nos reunimos con Terry y Jan para ir juntos al concierto de jazz en el Doo-Bop club, que decididamente es mi nuevo club de moda.

Luego, la noche continuó entre risas y más risas hasta el amanecer, que comprobé por primera vez, que aquí lo hace ahora cerca de las 5 de la mañana. Llegué a casa con la sensación de haber disfrutado muchísimo: Bailé una “muñeira” improvisada (de lo que recordaba cuando la aprendí a bailar en el colegio) al son de un gaitero que colocó su gorro a la salida de la disco de moda y cuál fue mi sorpresa al comprobar que identificó el baile y tocó la clásica muñeira gallega; la misma con la que aprendí a bailarla. La noche se alargó ya en el apartamento de Jan, mientras amanecía, y tomando un té para entrar en calor, en ese tipo de momentos sin nada o mucho de especial, en los que uno tiene la sensación de que quedarán guardados en un lugar privilegiado de la memoria.

Como broche final, cuando fui a recoger mi bicicleta, comprobé que había perdido la llave y que este hecho amenzaba con manchar la noche. Por suerte, y como caída del cielo, mientras caminaba resignado de vuelta a casa, encontré la llave en mitad del caminio sobre la nieve.

Definitivamente, soy un tipo con suerte.

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Esta imagen es del camino que recorro a menudo para ir desde Olympia, el edificio donde vivo, hasta Tekla, la residencia donde viven la mayoría de los erasmus. Por más días que cruzo a través de él, entre lagos y bosques, no deja de impresionarme y de evitar que me detenga un instante a observar a un lado y a otro.

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He aquí la mesa del banquete de la “Spanish Dinner” del pasado martes con la que invitamos los españoles al resto de Erasmus, italianos, alemanes, franceses,…y un simpático coreano al que le gustó mucho la paella; repitió y quería la receta!

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Si me hubiera dedicado al hockey sobre hielo, tendría una trayectoria prometedora, pudiendo presumir de haberme iniciado en la emblemática pista de Central Park en New York, y haber continuado mi formación en las pistas de Vaasa en Finlandia, pero lamentablemente soy un verdadero patoso sobre las cuchillas.

Ayer fuimos italianos, españoles y Jan, el eslovaco, de ”barbacoa” a mediodía a la playa, con el pequeño matiz de que ésta estaba congelada y la hicimos sobre el mar, salchichas en lugar de chuletas y un sol de atrezzo. Al regresar, cafelito invitados por Fabrizzio (a mi izquierda) y después, partido de hockey con nevada final incluída, que ha devuelto el color blanco despues del deshielo de estos días.

A la noche, aproveché la invitación de Mikko, un finlandés, para ir junto con otro amigo suyo, a un concierto de soul & groove en el Doo-Bop club,  un lugar bastante especial donde disfruté de ese tipo de sensaciones que dan las inmersiones en una cultura ajena y uno parece quitarse la etiqueta de turista o foráneo. Dos horas de música , 10 músicos de altura, ramalazos funkys y un gran mono de música que me llevé a la cama!

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Éste es Daniel, mi compañero de apartamento, natural de Hungría, aunque lleva muchos años viviendo en Finlandia y estudiando en Vaasa. Es un gran tipo y un guía perfecto. Siempre que coincidimos charlamos del día y tiene algo interesante que contarme; es también mi profesor improvisado de conversación de inglés. Vivimos en el apartamento 18 del edificio C de “Olympia”, en el número 12-14 de la calle Olympiakatu, muy cerca del centro de la ciudad.

Hoy ha hecho la temperatura más alta desde que estoy en Vaasa, alrededor de los 2ºC (ya hablan de primavera), lo que ha provocado el deshielo y que haya visto por primera vez el color del asfalto de la carretera. La vuelta a casa en bici ha sido toda una odisea, sorteando barro, el agua salpicada de los coches, el racheo de la rueda trasera y algún que otro pie al suelo de emergencia. Definitivamente los días de nevada y deshielo no son para desafiarlos subido a una bici. Es curioso pero me da la sensación de que el tiempo cambia mucho aquí, al menos así fue estas dos últimas semanas, de repente hace un día de sol, que cae una copiosa nevada, o que el cielo se vuelve nublado y todo lo cubre un envidable color blanco durante el día, y luego un intenso azul oscuro al anochecer.

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