De lado a lado

Esta mañana llegué de Mendoza después de pasar estos días atrás a un lado y a otro de la cordillera de los Andes. Salí la noche del jueves junto con Esther, Ángel y Piedad hacia Mendoza, la ciudad del vino, y ya en el propio bus, nos tocó una botella de vino que el azafato del bus dio como premio al ganador de un bingo que organizó a bordo nada más salir de Rosario; surrealista y divertido.
Nada más llegar a Mendoza y tras soltar las mochilas en el hostel, nos dirigimos hacia las afueras de la ciudad para visitar las bodegas. Alquilamos unas bicicletas e hicimos una pequeña ruta conociendo varias bodegas y probando unos vinos exquisitos.
Al día siguiente salimos temprano para cruzar los Andes y la frontera con Chile, pasando junto al pico Aconcagua. Después del exhaustivo control chileno, llegamos hasta Viña del Mar ya a la noche, una ciudad costera frente al Océano Atlántico al más puro estilo Marbella o Torremolinos (superpoblación, casino, coches lujosos,…); esperábamos otra cosa. Por suerte, a apenas 10 minutos había otra ciudad que es patrimonio de la Humanidad, Valparaíso, donde vivió Pablo Neruda. Fuimos al día siguiente y dimos un paseo en barca por el mar, observamos lobos marinos y nos adentramos después por las calles de esta singular y única ciudad, que se distribuye entre numerosos cerros y un tendido eléctrico deprorable y en la que disfrutamos de las vistas desde los distintos miradores y el colorido de las calles.
Ayer lunes regresamos de nuevo a Mendoza, con el correspondiente paso fronterizo y una nevada que dio aún más belleza y color a un viaje que no cesa.