El pop dramático

Con dos horas después de lo que había sido anunciado, apareció sobre el escenario un Lisandro Aristimuño con cara de preocupación y pidiendo disculpas y lamentándose de que habían encontrado el chelo quebrado, solicitando un aplauso de apoyo a la violonchelista. Mientras esperaban que llegara un chelo prestado, comenzó a cantar en solitario con mayor dramatismo si cabe, ganándose el respeto y dejando un gran silencio en todo el galpón del CEC apenas comenzó a sonar su guitarra y su voz vigorosa con sabor a nostalgia. Después se añadieron el resto de músicos, la violonchelista con el rostro desolado, un guitarra más de apoyo, un percusionista y una chica acompañando también con coros y con percusiones desde taconeos hasta un triángulo o una olla de cocina. Poco a poco nos envolvieron a todos con su
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y nos arrastraron hacia ese estado de recogimiento y estremecimiento al que incitan sus canciones, cuya armonía consiguen siempre dejar un ápice de esperanza, desahogo y alegría.