El segundo tiempo

Que el tiempo pasa deprisa no es ningún secreto. Que también trae cambios; tampoco.
Así, despedí a Laura el martes de la semana pasada que regresaba ya a Córdoba, después de pasar el anterior fin de semana y hasta ese martes, en Tallín, la capital de Estonia; una ciudad preciosa en la que nos perdimos por sus calles y su casco histórico. Allí coincidimos en el hostel donde nos alojamos, con un grupo de jóvenes saxofonistas de Mallorca que iban a actuar próximamente allí y en Estocolmo y disfrutamos de un ensayo improvisado en una de las plazas de la ciudad.
Ha sido realmente especial para nosotros el viaje y el reencuentro, aunque no tan agradable la despedida.
En Vaasa los primeros síntomas de la primavera han llegado y apenas van quedando ya restos de nieve en las calles, si bien el mar sigue congelado. Además, estos últimos días ha podido verse desde aquí la aurora boreal, aunque aún no he tenido la suerte de estar en el momento y lugar adecuados. No sé si habrá más oportunidades, pero ojalá pueda vivirlo.
Este domingo viajo a San Petersburgo (Rusia) junto con un buen grupo de Erasmus en un viaje organizado por la Universidad de Vaasa, hasta el próximo jueves. Entonces, comenzará sin duda la cuenta atrás de esta experiencia.
Idas y venidas,
el nudo en el corazón
y la libertad
en la palma del alma.
Un beso