Encuentros
Últimamente parece que viviera en un interminable déjà vu, como si no viviera en mi mismo. No paran de volar palomas negras por mi cabeza llevándome al fondo de un túnel, al final del cual me encuentro yo realmente. Sin embargo, en mi hombro se posa una paloma blanca que come de mi mano, dandóme pellizquitos en la piel, recordándome que estoy vivo.
Miro a los ojos de la paloma, veo cada una de vuestras sonrisas.
Esta vez, la soledad camina a mi lado, de mi mano.
(Gracias a todos los que regaláis pellizquitos y sonrisas, para recordarnos que estamos vivos).