La partida
Llamó a su hijo. Le mostró al enfermo.
-¿Recuerdas al abuelo? Bésalo-.
Pero no lo besó. Él lo observaba
con el distanciamiento de un ladrón.
-Él no es mi abuelo. Qué le pasa-.
-Se va a quedar sin vida-. Y calló.
Los dos callaron mientras se moría.
Y él devolvía el gesto a aquellos dos
espectadores mudos. Era invierno.
Apenas calentaba el radiador.