— :: el viaje sideral ::

Llegada a Rosario

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Al fin estoy en Rosario.
La primera impresión que tengo es que estoy en mitad del rodaje de una película argentina. Es muy curioso estar constantemente escuchando ese acento característico argentino en la gente, quienes parecen estar entonando una melodía en lugar de hablar, y observar cómo todo cuanto hay a tu alrededor te causa curiosidad. Acá (como dicen aquí) es curioso ver esos modelos de coches antiquísimos que harían las delicias de más de uno (eh! Carlos…jeje) o ver los rótulos de comercios aún escritos a mano o el contraste de edificios y casas muy deterioradas y pobres.
El viaje fue realmente agotador. En el trayecto en coche desde Córdoba hasta Madrid apenas pude cerrar los ojos por los sentimientos de nerviosismo y emoción, como me ocurrió también en las doce horas del vuelo Madrid – Buenos Aires. Las compartí al lado de una señora mayor ya jubilada de nacionalidad italo-argentina muy amable, Olga, con quien estuve charlando largos ratos sobre Argentina, su vida y el propósito de nuestros viajes, preocupándose por atenderme una vez llegamos al aeropuerto EZEIZA de Buenos Aires. Eso hizo que el vuelo fuera muy ameno y que comenzara a escuchar los primeros “¡viste!”. Una vez en EZEIZA tuve que agarrar (coger acá significa otra cosa…) un autobús (que son furgonetas o camionetas como le dicen aquí, de 8 o 10 plazas) hasta otro aeropuerto de vuelos nacionales al que llaman “aeroparque”. Este trayecto estuve charlando con otro argentino que regresaba tras pasar un año en Sevilla trabajando. Me fijé que siempre hablan del a dónde van y de dónde vienen, pero nunca quien son; así que nos despedimos al llegar al aeroparque con destinos distintos y sin saber su nombre.
Al el aeroparque llegué cerca de las 3 de la madrugada y hasta las 7:30 no salió el vuelo para Rosario. Por suerte, compartí un café con Maria Grazia, una chica de Córdoba (pero la Argentina) que estudia en Málaga de Erasmus por la universidad de Bolonia, que regresaba para ver a su familia.
De nuevo en el avión me sorprendió el terreno lleno de lagos y rios inmensos que dista Buenos Aires de Santa Fé o Rosario, en lugar de pastos y cortijos que acostumbramos a ver en España; pensad en distancias enormes.

Nada más llegar a Rosario me dirigí en uno de esos microtaxis o camionetas hasta la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Rosario donde me esperaba Javier Prete, quien me llevó hasta mi alojamiento para los primeros días. El lugar donde estoy ahora es bastante tétrico y solitario. Es la segunda planta del gimnasio de la universidad situado en el centro de Rosario (pero no el la propia facultad), donde tienen dedicadas unas diez habitaciones con ocho literas cada una pero soy el único que las habita. Así que dediqué lo que restaba de mañana y la tarde a buscar otro alojamiento o hostel donde pueda conocer a más gente en mi situación, donde creo que iré en unos días.

Acá está acabando el verano aunque aún hace bastante calor. Los mosquitos me están comiendo y esta mañana me desperté con una enorme tormenta de truenos (algo normal aquí) que parecía haber un bombardeo allá afuera.
Me cuesta cambiar el concepto europeo de calles por el de “cuadras” argentino. Está toda la ciudad perfectamente distribuida en forma de cuadrícula y las avenidas que cruzan la ciudad y limitan barrios (distritos acá) parecen no tener fin. Para llegar de un punto otro uno tiene la sensación de estar en un laberinto.

Los primeros días hasta adaptarse son difíciles aunque acá en Rosario la amabilidad de la gente hacen que las cosas sean más llevaderas. Espero poder adaptarme pronto y buscar un sitio algo más cómodo y con acceso a Internet más fácil mientras viene Ángel (otro chico que viene de Córdoba) el miércoles de la semana que viene, y comenzar también a trabajar en el proyecto cuanto antes.

Un fuerte abrazo a todos/as.

0 comments
  1. estherisland says: Miércoles, 28 febrero 200711:54 pm

    Qu??? ca?a!!! Qu??? envidia….Que disfrutes mucho!!!

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